Se echan en cinco libras de azúcar clarificado, y hecho a la pluma, cuatro libras de buenas guindas, y bien maduras, cuyo color ha de ser tirante a bermejo, habiéndolas primero partido por mitad el palito, se harán dar diez y ocho o veinte hervores a gran fuego, y se apartarán de este para que reposen por tiempo de una hora: lo que ejecutado, se volverán al fuego hasta que el almíbar se espese un poco, a fin de que por esta dilación penetre el hueso, que es algo duro.
Si se quiere dar el gusto de la frambuesa, en una libra de azúcar preparado a la pluma, se echará otra de esta fruta, y todo junto cocerá hasta que levante diez hervoeres, y ya frío, se colará por el cedazo, echando el almíbar solo destilado en la composición de las guindas; pero se advierte, que en tal caso se ha de rebajar de las cinco libras de azúcar precedentes una, por razón de esta que se añade; y si no se quisiere gastar tanto tiempo en esta decocción particular, se estrujarán las frambuesas dichas en una servilleta limpia, añadiendo el zumo a las guindas confitadas.
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